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Miércoles, Agosto 23, 2017

El vecino Convento de la Piedad

En el centro de la ciudad, En la vetusta calle de Santa Clara, en la antigua colación de San Andrés, donde habitaba a finales del siglo XV nutrida colonia hebrea, puso Don Antonio de Mendoza su gran palacio renacentista, una de las primeras muestras que del estilo recién importado de Italia se elaboraron en Castilla. Era este señor hijo del primer duque del Infantado, Don Diego Hurtado de Mendoza, y junto a él y sus numerosos hermanos y familiares, que constituían la lucida corte mendocina de Guadalajara, intervino en la guerra de Granada, mostrándose en ella valeroso. Permaneció siempre soltero, y al retirarse de la guerra decidió construirse casa propia, elevando este palacio con la colaboración de artistas que ya su tío el gran Cardenal Mendoza había tomado a su servicio, y que fueron los introductores en Castilla del modo renacentista de construir, decorar y concebir el arte.

Vista general del Palacio-Convento en 1928 por Francisco Goñi (propiedad AFGU)

Balcón de la fachada de Teniente Figueroa

Iluminación nocturna del Palacio-Convento de la fachado enfrentada a la Iglesia de Santiago Apóstol

Muerto este señor en 1510, con el palacio ya concluido, lo heredó su sobrina, también soltera, Doña Brianda de Mendoza y Luna, hija del segundo duque del Infantado, Don Iñigo López de Mendoza. Piadosa mujer que decidió ocupar el gran caserón para alojar una comunidad religiosa, que en 1524 fue autorizada por Bula de Clemente VII fundando beaterio de la Orden Tercera de San Francisco, y añadido un colegio de Doncellas, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Piedad. Para esta institución, habilitó Doña Brianda el palacio de su tío, y le añadió una gran iglesia, en la que colaboraron los mejores artistas castellanos del primer tercio del siglo XVI. A la muerte de la fundadora, en 1534, ya estaba definitivamente acabado el edificio. A raíz del Concilio de Trento, el beaterio se convirtió en convento de monjas franciscanas, que albergó a gran número de doncellas y viudedad de la aristocracia alcarreña. En 1835 fue disuelta su comunidad, y el edificio utilizado para Museo Provincial, Diputación Provincial, cárcel pública e Instituto de Enseñanza Media.

Doña Brianda de Mendoza y Luna

El conjunto de las fachadas del palacio e iglesia es uno de los rincones de Castilla donde más rico y elocuente se muestra el albor renacentista. La portada del palacio se constituye por un arco semicircular, finamente decorado, apoyado en sendas pilastras; todo ello enmarcado a su vez por otras pilastras de profusa decoración a base de carteles, armaduras, trofeos militares y frutos, rematadas por capiteles de complicada representación vegetal; se cubre por diversos frisos y molduras de cargada decoración de roleos y cuernos de la abundancia; el conjunto aún remataba en frontón triangular con densa ornamentación, incluyendo en su centro el escudo heráldico del fundador, pero ello fue retirado a fines del siglo XIX, colocando en su lugar un balcón, privando a la portada de su auténtico carácter toscano.

Portada del Palacio de Don Antonio Mendoza

Balcón de la portada

Detalle de la jamba con trofeos militares

La iglesia y el palacio, con sus ampliaciones posteriores, delimitan actualmente un jardín abierto a la calle. En el lado izquierdo, las portadas de ambos edificios forman un rincón de alto valor arquitectónico. La portada del palacio, concebida como un arco de triunfo, repite motivos ornamentales de carácter militar. Estuvo coronada por un frontispicio con las armas de Antonio de Mendoza, sustituido en 1912 por el balcón actual. A la izquierda, la portada plateresca de la iglesia, coronada por la escena de la Piedad, revela la mano maestra de Covarrubias.

Portada de la iglesia de la Piedad

A través de pequeño zaguán se sube hasta el patio del palacio, obra magistral de la arquitectura civil del Renacimiento: de planta cuadrada, en cada lado aparecen seis columnas, cilíndricas, de liso fuste que sostienen capiteles de clara raigambre alcarreña, consistente en una corona de hojas ciñendo el arranque del capitel, cuyo cuerpo se adorna de poco profundas estrías, y la moldura superior se adorna de ovas. Cargan sobre estos capiteles magníficas y anchas zapatas de labrada madera, y corre sobre todas ellas una doble cornisa prolijamente adornada.
 
De planta cuadrada y con dos pisos arquitrabados, sus soportes están formados por columnas con capiteles sobre los que descansan zapatas de madera que, además de su propia función constructiva, son adaptadas con el objeto de aplicarse en relación con el sistema de proporciones que informa todo el conjunto. La búsqueda deliberada de la proporción y el equilibrio, así como el uso tectónico y artístico de las zapatas, caracterizan esta obra. Los capiteles del piso inferior proponen un modelo, que se extenderá más adelante a otras edificaciones, conocido como capitel mendocino o alcarreño.

Patio interior del palacio de Don Antonio Mendoza y en su día también claustro del convento

Zapata alcarreña sobre pilar decorada con tondo o roseta muy similar a las que adornan las fachadas de Covarrubias y la capilla de Nuestro Padre Jesús de la Pasión

Detalle de perspectiva

Vista del patio desde el piso superior

El segundo piso del patio consta del mismo número de columnas, capiteles bellísimos, similares zapatas y más pronunciado alero. Ente una y otra columna corre un antepecho calado, con la piedra tallada en dibujo que semeja panal.

Corredor superior decorado con azulejo talaverano

Detalle de artesonado de madera

Vista del conjunto hoy en día

Detalle del antepecho simulando a un panal

 

Alero de terminación de gran riqueza y detalle

Sobre el muro norte de este claustro luce un gran escudo imperial tallado en piedra de Tamajón, que fué trasladado aquí en el siglo XIX desde la puerta del Mercado de la plaza de Santo Domingo, ya desaparecida.

Escudo Imperial de Carlos V. Este se situó en la puerta del Mercado hoy desaparecida

En el ala de levante se abre el gran hueco de la escalera de honor, de tres tramos, con pasamanos de bien tallada piedra, calada en forma de panal su barandilla, con gran escudo de Mendoza y Luna sobre fondo avenerado, en su tramo central. La parte de galería alta que queda sin muro en la parte en que se abre la escalera, se apoya en tres columnas con capiteles de rica decoración a base de copas y delfines. El hueco de la escalera se cubre por gran alfarje renacentista a base de una combinación de tradición mudéjar en la que se conjuntan irregulares hexágonos cubiertos de rica decoración plateresca. La parte baja de los muros de patio y escalera se cubren de una buena colección de azulejos sevillanos del siglo XIX. Tras haber sido este edificio sede del Instituto Nacional de Enseñanza Media "Brianda de Mendoza", ha estado durante unos años vacío y, tras una detenida y meticulosa restauración, vuelve ahora a ser destinado a sede del tercer Instituto de Enseñanza Media de Guadalajara.

Escalera de honor del patio de acceso al piso superior

Escudo de los Mendoza y Luna

 

Segundo tramo de escalera

 

Cartela conmemorativa a Isabel II por la inauguración del Instituto en 1837

 

Detalle del escudo Borbónico en los azulejos sevillanos de la escalera

 Se desconoce el autor o autores de este palacio, aunque muy bien pudiera haber intervenido en su traza y dirección el maestro Lorenzo Vázquez, introductor del Renacimiento arquitectónico en los estados mendocinos.
 
La iglesia del convento de la Piedad fue construida hacia 1530, participando el maestro Alonso de Covarrubias en su traza y en la talla de la portada, una de las joyas del arte plateresco castellano. Se presenta ésta entre dos salientes contrafuertes, entre los que salta un arcosolio con el intradós cuajado de casetones con rosetas, y rematado en calada crestería y tejadillo que cubre el conjunto. La puerta propiamente dicha se compone de un alto arco semicircular cubierto de fina decoración, sobre pilastras; a los lados, bellísimos balaustres sobre pedestales, todo tapizado de profusa y delicadísima decoración plateresca, con magníficos capiteles rematados en cabezas de carneros; encima, varias molduras y un ancho friso de grutescos con escudo central; sus extremos rematan en flameros, mientras en el centro surge una hornacina avenerada flanqueada de pilastrillas y roleos, con un extraordinario grupo de la Piedad, de aire en cierto sentido gotizante, en que se ve a Cristo tendido en los brazos de María, acompañada de San Juan y la Magdalena. Los escudos de Mendoza y Luna completan el conjunto.

 

Vista frontal de la portada de la iglesia, obra de Covarrubias

Parte superior de la puerta con una rica decoración. El arcosolio con el intradós cuajado de casetones con rosetas recuerda mucho a la decoración de la capilla de Nuestro Padre Jesús de la Pasión.

Detalle de la imagen de la Piedad

Detalle del escudo de los Mendoza y Luna

Molduras y friso de la puerta

Detalle de la decoración plateresca y capiteles rematados con cabezas de carneros

El interior era magnífico templo de altas cúpulas de nervatura y frisos con frases alusivas; retablos de talla y pinturas; rejas, enterramientos, etc. Nada quedó de ello: el presbiterio se derribó para ensanchar la calle que corre detrás; su altura se dividió en dos para crear en la parte baja capilla del Instituto, y en la alta salón de actos, en el cual aún se observan los arranques de las bóvedas, y escudos esculpidos en las ménsulas. Sólo quedó el sepulcro de la fundadora, Doña Brianda de Mendoza, en cuya urna de tallado alabastro blanquecino se aprecian, algo desgastados después de haber permanecido largos años bajo escombros, los escudos de armas de la familia Mendoza y Luna. Se cubre este enterramiento con una gran pieza de jaspe rosáceo. También fue trazado y tallado por Alonso de Covarrubias.

 

Sepulcro de jaspe rosáceo y alabastro de Doña Brianda de Mendoza, tallado por Don Alonso de Covarrubias en 1536 y puesto en el presbiterio de la iglesia de la Piedad

Vista del conjunto. Se aprecia la falta de algúncasetón debido al brutal expolio de los francesesdurante la guerra de independencia

Detalle del gran trabajo de cantería sobrealabastro con el motivo central del escudode los Mendoza y Luna

El interior de la iglesia, debido a desafortunadas intervenciones, apenas permite aventurar la traza primitiva. En el interior del palacio, sin embargo, el patio constituye todavía uno de los mejores ejemplos de la primera arquitectura renacentista de Castilla.

La nefasta intervención en el interior de la iglesia (hoy convertida en salón de actos) aún permite apreciar detalles de épocas mejores para este inmueble

Entre 1902 y 1906, Velázquez Bosco dirigió las obras de rehabilitación del convento y de la iglesia de la Piedad. Este arquitecto reedificó el ala oeste y la fachada sur del conjunto; con menor fortuna, alteró la fachada norte del antiguo palacio, abriendo en ella los huecos actuales, y admitió la demolición del ábside de la iglesia, ahora truncada, para permitir la alineación de la calle Teniente Figueroa.
 
Durantes los años que se produjeron las obras de restauración de la iglesia de Santiago Apóstol (antiguo convento de Santa Clara), la iglesia de la piedad fue acondicionada como iglesia de sustitución y parroquia. Por este y por otros muchos motivos esta iglesia y convento de la Piedad ha jugado un papel muy importante en la historia de nuestra cofradía.
 
Desde casi los inicios de la cofradía las filas de los hermanos penitentes de nuestra cofradía salían formadas del claustro del antiguo convento. En los últimos años se ha recuperado en parte esta tradición pues las filas son formadas desde el patio del convento y salen por la que fuera puerta principal del palacio-convento por la calle de Teniente Figueroa.
 
Igualmente de dicho patio sale el Cristo de la Expiración, junto con el grupo de tambores, cuya imagen es guardada en la iglesia de la Piedad a partir del Domingo de Ramos, día en que esta imagen es trasladada a esta iglesia desde la capilla del cementerio donde reside el resto del año. También en la Semana Santa de 2009 la carroza de Nuestra Señora de la Piedad ha salido del interior del patio del convento de la Piedad.
 
Tal es la relación de nuestra cofradía con este espacio que la segunda imagen que se adquirió, de forma premeditada y caprichosa por la Junta de Gobierno, fue precisamente Nuestra Señora de la Piedad, que llegó a estar algunos años en dicha iglesia pese a que la sede de la cofradía ha sido siempre Santiago Apóstol.

Paso de Nuestra Señora de la Piedad con el convento de fondo

Para más información se recomienda la lectura de “El Palacio de Antonio Mendoza en Guadalajara” de Antonio Herrera Casado y Antonio Ortiz García, de ediciones AACHE o bien la bibliografía propuesta por Pedro José Pradillo y Esteban en el apartado de “Historia del Templo”

Horarios de Visitas
Sábados, domingos y festivos:
Mañanas: de 10 a 14 horas
Tardes: de 16.30 a 19.30 horas
Cerrado los días 25 de diciembre, 1 y 6 de enero.

Tarifas
Entrada gratuita.
(la visita puede ser guiada contactando con la
Oficina de Turismo de Guadalajara sita en la Plaza de los Caídos frente al Palacio del Infantado)

Calle Teniente Figueroa 6
Guadalajara
Tel.: 949 21 50 59

 

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